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Jueves, 26 de febrero 2015
Entrevista con Carlos Gonzálbez
Fuente: Sedajazz


PERPFILES DE JAZZ: CARLOS GONZÁLBEZ


El esperado  


Marta Ramón 
@narramona


Como si se le hubiera enfriado la sangre, espera al sol dentro de un abrigo en el que queda suficiente espacio para acurrucar a su guitarra. Manos en los bolsillos y espalda a ras del muro de la iglesia de la plaza de Benimaclet, sin apoyarse, ateo de la vida. Le desconcierta el interés por hablar con él, inmediata al saludo llega la pregunta de para quién es la entrevista.

Entramos a la cafetería, se quita el abrigo y las gafas de sol: Carlos Gonzálbez empieza a dibujarse. El voto de confianza llega al primer sorbo de café: "la verdad es que estoy un poquito retirado, mi carrera poco a poco se fue viniendo abajo.  Llegué a estar muy arriba cuando era jovencito, entonces me sacaban muchas entrevistas". Hay una mezcla de timidez y desapego en él, como si no fuera consciente de quién fue o como si de aquella identidad ya poco, o nada, quedara.


Uno de los principales detonantes del jazz español habla desde una posición de retiro: "ahora me muevo por otros circuitos, más reducidos. El año pasado y este estoy tocando en el KafKafé, a dúo con Juan Alegre". ¿No te gustaría volver? "La verdad es que me da un poco igual. Estoy cómodo, estoy bien". Matiza. "No lo echo de menos, pero si volviera a pasar estaría bien, y si no, también". De momento, mañana visita Sedajazz con Perico Sambeat, en un cuarteto completado por el baterista Vicente Espí y el contrabajista Ales Cesarini: "ha sido un empeño de Latino. La verdad es que tengo ganas, aunque me da un poco de miedo porque hace tiempo que no toco con banda". Esto lo dice quien ha estado más de veinte años sobre grandes escenarios, desde que comenzara, siendo un adolescente, a vivir la noche de los clubs valencianos para convertirse en un referente de la escena española: "la clave por la que yo llegué a tocar muy bien es porque, además de echarle muchas horas, enseguida tuve la oportunidad de tocar en directo. Estuve prácticamente cuatro años seguidos aquí en Valencia tocando cada noche. Esa es la mejor enseñanza que hay. Cada día que tocas es como una semana de estar ensayando en casa. Monté un trío con un hermano mío. Estuvimos un año seguido en Barro, un sitio del Carmen. Acababa de morir Franco, había una efervescencia, y muchas ganas de hacer cosas. La música en directo era una cosa imprevista, una novedad total. Entonces aquello fue un pelotazo. Tocábamos de lunes a domingo, todas las semanas del año. Cuando acabó Barro, abrió Tres Tristes Tigres de Antonio Sambeat. Empezó mi contacto con músicos de fuera, gente no muy conocida quizá pero que venía de fuera y te aporta otras influencias, otras historias. Entonces ya se empieza a hablar de mí en la Cartelera Turia. Antonio Vergara y Federico García, empezaron a hablar bien de mí. Desde los 16 años ya no paré por las noches. Por casualidad, la vida te va llevando de un lado a otro, y tú no tienes más remedio que decir sí a todo".

Y una casualidad, un riesgo asumido por un loco amante de la música, fue el motor para dar el siguiente paso en su carrera: "coincidió que Julio Martí se metió en la historia de hacer conciertos de jazz, aquí en Valencia. Organizó un concierto de Stan Getz en el Teatro Principal, fue un éxito total. El teatro se llenó. Un exitazo. Y empezó a trabajar en el mundo de los Festivales, y como estaba yo aquí en Valencia, y éramos amigos, empezó a meterme en Festivales y eso para mí ya fue la puntilla, en el sentido positivo. Con todas las críticas que había cosechado, habiendo visitado ya bastantes ciudades españolas, este empezó a meterme en Festivales internacionales como telonero, y alguna vez acompañando a gente muy potente. Yo me encontré allí con todos los grandes: Miles Davis, McCoy Tyner…". Continúa y por primera vez deja escapar algo de nostalgia: "esa fue la buena época. Estuve tres años en Barcelona dando clases en las dos escuelas que había en ese momento: el Aula de Jazz y el Taller de Músics. Llegué a ser el mejor guitarrista de jazz de España". Mira la taza vacía de su café solo y continúa con fortaleza: "entonces yo me engancho con las drogas. Esto tarda años en producir un declive, pero mi adicción duró tanto que al final se esparció, todo el mundo lo sabía. Yo seguramente haría alguna tontería de la que no me acuerdo y entonces todo esto hace mucho daño a tu prestigio. La gente deja de llamarte y eso. Aunque la verdad es que tardó. Aquí en Valencia…uff, caímos como moscas. Estuve mucho tiempo mal. La verdad es que es una vida dura, es una desgracia estar enganchado a una sustancia de esas. Es un problema muy jodido porque te autoengañas, te alejas de la realidad. Realmente yo tengo mucha biografía hasta un determinado punto, que empieza a escasear. Hace mucho tiempo que no se habla nada de mí".


Carlos Gonzálbez ha conseguido vencer a las sombras. Está bien. Pausada seguridad en sí mismo y tremenda lucidez. Ahora se mueve con tranquilidad en la rutina de su nueva identidad. La música y las manos son las mismas, la intensidad y la mirada son las que han cambiado: "he aprendido muchas cosas con la madurez, estoy muy contento y muy bien. Estoy en calma. La verdad es que he bajado mucho el ritmo. Yo he sido toda la vida un obsesionado de la música, porque es lo que me gustaba. Me pasaba el día tocando, unas ocho horas. Pero en los últimos años sólo cojo la guitarra un par de horas al día. Me he dedicado a estudiar otras cosas, a leer… me he dado cuenta de que el jazz está muy bien, pero hay otras cosas. ¡Jamás me hubiera imaginando diciendo esto! Yo pensaba que el jazz era fundamental en mi vida y ahora la verdad que es una cosa más". Se abre desde la distancia, abrazado al reflejo de su historia, al presente frágil de su guitarra. Y ya algo reconfortado se atreve a preguntar, "¿y tú, por qué te interesas por mi historia?". Quería saber por qué llevan tanto tiempo esperando que vuelvas, Carlos.


Entrevista publicada en la Cartelera Turia. Nº 2.663/13 - 19 Febrero 2015


  
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